Las Palabras de la Serpiente Púrpura


Agua goteando rítmicamente desde el techo de la gruta. Este había sido el único sonido en la galería de la profunda cueva antes de la llegada de los intrusos. Unos intrusos que no eran más que palabras. Ni siquiera ellas recordaban cómo habían llegado ahí; algunas decían que pertenecían a un viejo pergamino enterrado. Otras afirmaban que simplemente habían estado siempre en la cueva. Las más atrevidas decían que eran los gritos de algún ser demoníaco del atrapado en el inframundo. 

Aunque lo importante no era de dónde venían sino era saber cómo salir de ahí. Y eso les llevó a un intenso debate. Liderazgo quería organizarlo todo, pero su afán de protagonismo y solemnidad sólo provocaba la burla en sus compañeras. Consenso buscaba infructuosamente una solución que satisficiera a todas las palabras. Imposición había sido amordazada y atada debido a sus por sus bruscos modales. Para ello se utilizó un subrayado, que por una vez fue de gran utilidad. Aventura propuso explorar en busca de una salida. Curiosidad y Valor en seguida se presentaron voluntarias para acompañarle. Paz estaba sentada encima de una roca y en silencio observaba todo lo que pasaba a su alrededor. La más parlanchina era Miedo, que cada vez que alguien hacía una propuesta, no podía evitar añadir alguna consecuencia espantosa. No había manera de ponerse de acuerdo. 




Por si eso fuera poco, las rencillas personales afloraron en medio de esta gran asamblea. Había muchas parejas de palabras que no se llevaban bien porque a menudo se las confundía; Cuando y Cuándo, Porque y Por qué, Hecho y Echo… Otras rivalizaban por el mismo puesto: en cuanto la conjunción Y se despistaba, venia Pero y le usurpaba su lugar. La vanidad también estaba presente: las palabras más coquetas se vestían con negrita o con cursiva para aparentar ser mejores que las demás. Pero el precio era la incomodidad; la negrita daba mucho calor, y la cursiva obligaba a ir inclinada en un equilibrio difícil de mantener en el suelo irregular de la cueva. 

Los signos de puntuación, que actuaban como ayudantes, tampoco era un colectivo muy unido. Acento estaba muy triste porque casi siempre se olvidaban de él. Punto y Coma, Dos Puntos, Coma y Punto se disputaban cuál de ellos era más valioso para los escritores. 

Las palabras estaban tan absortas en su discusión que no se dieron cuenta de que por la única salida posible se acercaba una enorme Serpiente Púrpura. La primera en percatarse (demasiado tarde) fue Vigilancia. Estaban atrapadas, y Pánico tomó el lugar de Miedo. El reptil se había extraviado y llevaba horas en ayunas. Nunca había comido esas cosas pequeñas tan raras, pero como era lo único que tenía a mano (mejor dicho, que tenía "a boca"), empezó a tragárselas enteras, una por una. Se sintió un poco extraña al engullir Serpiente. La última palabra en desaparecer fue Nada. 

Reanimada tras su almuerzo, la Serpiente Púrpura pudo hallar la salida de la gruta. Como las palabras le habían causado una considerable indigestión, reptó hasta la ribera de un riachuelo para descansar al sol. Se durmió y tuvo un sueño. 

Tenía mucha sed e introdujo su cabeza en el agua para beber. De repente sintió un cosquilleo por todo el cuerpo; las palabras empezaron a salir por su boca sin que ella pudiera evitarlo. Esta vez no hubo discusiones ni peleas; la estancia en el oscuro vientre de la bestia las había transformado. Salieron en orden y en silencio. Y se dejaron arrastrar suavemente por la corriente. 

El pequeño Pablo estaba pescando junto a la orilla rio abajo. Levantó la cabeza y al ver las palabras pasar, tomó su cuaderno y empezó a anotarlas: “Agua… goteando… rítmicamente… desde… el… techo… de… la… galería…” 

En unos minutos tuvo escrito por completo el cuento de las Palabras de la Serpiente Púrpura. Se levantó y se fue corriendo a casa para mostrárselo a su familia. 

Mientras, en el agua, cerraba la comitiva un sencillo Punto Final. 

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