12 jul. 2014

El Flautista de Hamelín

En la ciudad de Hamelín hacía tiempo que nadie era feliz, pues las únicas perdices disponibles eran latas de escabeche. Sólo el Alcalde y sus amigos los concejales podían permitirse el lujo de hacerse traer perdices recién cazadas desde lugares lejanos.

2 jul. 2014

Su primera misión

Ella nunca imaginó de qué manera su primera misión iba a marcar su vida y la de su estirpe. Hacía poco tiempo que se había incorporado a la “compañía” (al gran jefe le gustaba llamarla de esta manera tan críptica) y debido a eso todavía no era muy conocida entre sus compañeros. Tenía que ganarse el favor del gran jefe, así que cuando él personalmente solicitó voluntarios para una arriesgada misión, ella vio una gran oportunidad que no podía dejar escapar.

19 jun. 2014

Victoria

El Rey levantó su pesada espada para terminar por fin con su mortal enemigo. En medio del campo de batalla, estaba tendido a sus pies, desarmado e indefenso aquél con el que llevaba décadas luchando por el trono. Esperaba sentir el sabor de la victoria tanto tiempo anhelada, pero en su lugar los gritos de los heridos y el olor a muerte llenaban todo su ser.

29 may. 2014

Un Mundo Feliz

- ¿Queréis callaros de una vez? ¡Aquí arriba algunos queremos dormir!

Abajo nadie hizo caso a esa vocecilla. El murmullo general mostraba la gran expectación que había creado la convocatoria del Consejo Animal por parte del Elefante. Después de un bufido para pedir silencio, empezó a hablar:

-Buenas noches a todos. Al no estar presente la Ballena ni otros gigantes que no pudieron subir al Arca, como animal más grande me corresponde a mí dirigir esta reunión. Ya sabéis que llevamos tiempo en esta nave, y eso significa que el día de volver a tierra firme se acerca. Por eso creo que sería una buena ocasión para empezar con buen pie y dejar atrás el gran conflicto que tuvimos en el pasado. Ya sabéis a que conflicto me refiero; la constante persecución de los herbívoros por parte de los carnívoros.

22 may. 2014

La Rana y la Princesa

I

Erase una vez una rana que vivía en el lago de los jardines del palacio real. Se pasaba el día jugando, un rato debajo del agua, otro rato encima de los nenúfares, y otro tanto en la orilla junto a los juncos. Sin embargo, su lugar preferido era una gran roca blanca y plana que se hallaba en medio del lago. Al atardecer, se sentaba allí y admiraba el precioso espectáculo de la puesta del sol.

La luna llena de primavera llegó y, como era una rana macho, eso significaba que era hora de buscar una pareja. Ese año le hacía especial ilusión porque sabía que había una ranita especial esperando a ser encontrada. Toda esa noche estuvo croando desde la gran roca blanca. Una noche en la que se encontró con una extraña mezcla de emociones; por una parte, sentía el magnético deseo de atraer a aquella ranita y, por la otra, sentía el miedo a morir devorado por alguna serpiente que la localizase por su croar.

Al amanecer, después de una intensa y agotadora noche, sus esfuerzos dieron fruto; la ranita se acercó dando saltos hasta la gran roca blanca y ambos se miraron a los ojos. Cuando iban a unirse en un húmedo beso, una catástrofe rompió el momento mágico.

8 may. 2014

El Espejo

                             I

El miedo a morir en la hoguera hace que cualquiera corra como alma que lleva el diablo. Eso es lo que John Youngswood descubrió una tarde de finales de invierno de 1697 en las afueras de Ipswich, en Nueva Inglaterra. El sol se ocultaba tras las montañas de Willowdale frente a él, mientras detrás aparecía una muchedumbre agitando antorchas y armas rudimentarias. Una mezcla de gritos y gruñidos dejaban oír de vez en cuando algún “¡quememos el brujo!”

A pesar de la gravedad de la situación, John tuvo tiempo para darse cuenta que, por muy extraño que pareciera, esa era la primera vez que le llamaban “brujo”. Le habían llamado de muchas maneras: de pequeño, le llamaban “gamberro” y “perezoso”; en la escuela médica de Boston, “lunático” y “perezoso”. Y en el pueblo de Ipswich, donde ejercía como médico desde hacía diez años, le llamaban “doctor”, “salvador” o como mucho, “sabio de las hierbas”. Sin embargo acababa de llegar al pueblo un nuevo sacerdote y había decretado que el uso de esos remedios era cosa de brujería. El clérigo también tuvo la habilidad para relacionar esa brujería con la reciente mala cosecha y con la sequía. Por eso John no podía permitir que le atraparan antes de llegar a su casa en medio del bosque.

20 feb. 2014

El zapato de cristal


-Alteza, ¡Tenemos que encontrar una solución a este lío! – dijo Bernard, el asistente personal del príncipe Alain, mientras intentaba cerrar la puerta tras de sí. Por suerte un par de guardias le ayudaban; al otro lado, una manada de jovencitas que empujaban y gritaban su derecho a ser la futura princesa.

-La fecha acordada para vuestra boda se acerca, y ya hemos realizado todos los preparativos. Sólo nos falta un pequeño detalle: encontrar una novia para vos.

Alain, que hasta entonces había estado ensimismado mirando las nubes por la ventana, se giró:

-Uff…Ya sé que mi padre me advirtió que si no me casaba pronto me quitaría todos los derechos al trono, pero ya sabes Bernard que las chicas no son lo mío.

31 ene. 2014

En el desván


Brendan Haggerty recorrió el camino que unía la estación de ferrocarril de Wexford con la mansión de Fairfield. De pequeño cada vez que visitaba la casa de sus abuelos contaba los arboles que flanqueaban el camino.

Acababa de cumplir los veintisiete, pero no pudo evitar volver a hacerlo. Veintitrés. Se tranquilizó de ver que algunas cosas no habian cambiado. Los árboles en fila le parecían una reunión de implacables jueces que le miraban con severidad; ¿Qué haces tú aquí? ¿Por qué has vuelto? Buscó una respuesta repasando sus últimos años: sus estudios en Dublín, su aburrida carrera como contable, sus borracheras en el Red Gun Inn, su turbulento romance con la mujer de su patrón y su accidental caída a las turbias aguas del Liffey. Casi nada había ocurrido como el niño Brendan se imaginaba. Y casi nada había valido la pena. Volvía allí a encontrarle un significado a toda aquella sinrazón.

Atravesó la verja del jardín y se encontró con Mike, el antiguo jardinero y actualmente el único habitante de la casa. Sin mediar palabra, con un gesto le indicó que le acompañara a la cocina y allí le ofreció una taza de té. Cuando Mike terminó, se levantó y antes de volver a su trabajo en el jardín, dijo: ¡Ah! Por cierto: lo que buscas, lo encontrarás en el desván.