31 ene. 2014

En el desván


Brendan Haggerty recorrió el camino que unía la estación de ferrocarril de Wexford con la mansión de Fairfield. De pequeño cada vez que visitaba la casa de sus abuelos contaba los arboles que flanqueaban el camino.

Acababa de cumplir los veintisiete, pero no pudo evitar volver a hacerlo. Veintitrés. Se tranquilizó de ver que algunas cosas no habian cambiado. Los árboles en fila le parecían una reunión de implacables jueces que le miraban con severidad; ¿Qué haces tú aquí? ¿Por qué has vuelto? Buscó una respuesta repasando sus últimos años: sus estudios en Dublín, su aburrida carrera como contable, sus borracheras en el Red Gun Inn, su turbulento romance con la mujer de su patrón y su accidental caída a las turbias aguas del Liffey. Casi nada había ocurrido como el niño Brendan se imaginaba. Y casi nada había valido la pena. Volvía allí a encontrarle un significado a toda aquella sinrazón.

Atravesó la verja del jardín y se encontró con Mike, el antiguo jardinero y actualmente el único habitante de la casa. Sin mediar palabra, con un gesto le indicó que le acompañara a la cocina y allí le ofreció una taza de té. Cuando Mike terminó, se levantó y antes de volver a su trabajo en el jardín, dijo: ¡Ah! Por cierto: lo que buscas, lo encontrarás en el desván.