31 may. 2017

El sueño de Adán

Despertó en medio de la noche y se sintió desorientado, pues ante sus ojos sólo había negrura y silencio. Al tomar aire sintió una fragancia que le infundió calma. Poco a poco fue acostumbrándose a la oscuridad y empezó a distinguir las ramas de laurel y mirto entretejidas; era la techumbre del pequeño recinto que había sido creado para su descanso. Lo completaban unas paredes formadas por un espeso entramado de hierbas aromáticas y flores de todo tipo y color. Hacía pocos días que ya no dormía al raso, y por esa razón todavía extrañaba no tener como techo la bóveda celeste. El manto de estrellas, aunque tremendamente lejanas, le transmitían una agradable sensación de cercanía y protección.