La Lechera

Blanco diluyéndose.

La leche se deslizaba por sus cabellos y, tras fundirse con las lágrimas de enojo que brotaban de sus ojos, empapaba la tierra yerma. María la lechera yacía tendida en el suelo, más herida por la caída que por el dolor que sentía en su antebrazo. Sentía que esta vez se había hecho daño de verdad. El olor de la leche humedeciendo la tierra la indujo a rememorar otra situación, hace mucho tiempo, a partir de la cual, su mundo, tal y como ella lo conocía, nunca volvería a ser el mismo.

Fue un día de primavera, al igual que éste, cuando la madre de María caminaba con su hija cogida de la mano y llevando un cubo colmado de leche sobre su cabeza.

 Mamá, ¿a dónde vamos? – preguntó la inocente niña.

Nos dirigimos al pueblo a vender al tendero la leche que acabo de ordeñar de nuestra vaca. Así tendremos suficiente dinero para comprar un poco de comida – respondió la madre.

- ¿Y tú mamá has sido lechera toda tu vida?

- Sí hija, pero tú no te preocupes, pues tengo previsto algo muy diferente para ti. Algún día ahorraremos lo suficiente para poder comprar unos pollitos; los cuidaremos hasta que sean pollos, y entonces los venderemos e invertiremos los ingresos en un cerdo. Lo cebaremos para sacar jamones y sabrosos embutidos. Y con el dinero que consigamos de eso, te compraré un hermoso vestido para que vayas al baile de primavera. Allí serás la chica más bella; el hijo del hacendado se enamorará locamente de ti y se casará contigo. Tendrás la vida resuelta; nunca más tendrás que llevar un cubo de leche en la cabeza.

¡Pero yo no quiero eso! – llena de rabia, pensaba para sí María.

Mientras hablaba, su madre estaba tan ensimismada en su visión que no advirtió que estaba a punto de tropezar con una piedra. De pronto María notó que la mano de su madre se soltaba e inmediatamente sintió la tibia leche calándola de la cabeza a los pies.

Según recordaba María, ese día marcó el inicio de dos enseñanzas fundamentales para ella. La primera fue ésta: se dio cuenta de que había momentos en los que lo más práctico era enfocar su atención hacia lo que le rodeaba, mientras que en otros lo más adecuado era centrarse en sus pensamientos y emociones. Por ejemplo, cuando iba por el camino con un cubo de leche en la cabeza, su propósito era mantener el equilibrio y llegar al pueblo; para ello lo mejor era focalizarse en sus sentidos para percibir con detalle su entorno (el suelo, las piedras, los árboles, el viento y los sonidos del bosque), evitando que su mente viajara al pasado o al futuro a través de recuerdos o ensoñaciones. La señal de que todo iba bien era un cierto estado difícil de describir, en el que de alguna forma María sentía que su mente, su cuerpo, el camino y el cubo formaban un todo. Por el contrario, las ocasiones en las que subía al pajar a imaginarse cómo quería ser de mayor, eran momentos para olvidarse de donde estaba, y buscar en su interior todos esos talentos que la ayudaban a tener una visión clara y precisa de cómo quería que fuera su futuro.

Las pequeñas catástrofes surgían cuando las personas se enfocaban en el sentido contrario al que correspondía; por ejemplo, en el accidente con el cubo de leche, su madre había olvidado que en ese instante lo primordial era ver las piedras del camino en vez de sus visiones sobre el futuro de su hija. Y en cambio, cuando María subía al pajar a concentrarse en sus sueños, si dejaba que su mente se distrajera mirando las telarañas del techo en vez de centrarse en su visión, no ocurría ninguna desgracia, pero acababa perdiendo inútilmente el tiempo.

El segundo aprendizaje que inició ese día fue el siguiente: para conseguir llegar a tener la vida que deseaba, antes debía imaginarla en su cabeza. Y es que resultaba mucho más sencillo llegar a conseguir esa vida si antes era capaz de visualizarse mentalmente a sí misma como si ya la estuviera viviendo: observando que hacía, con quien estaba, que olores y sabores la rodeaban y que emociones la embargaban. Teniendo la certeza de que ella había nacido para vivir así. En sus ratos de buscada soledad en el pajar imaginó un futuro diferente al esperado por su madre; ella quería seguir siendo lechera, pero dirigiendo su propia granja y produciendo la mejor leche y quesos del reino.

María dejó de recordar y volvió a la realidad: continuaba estando en el suelo. A pesar de todo lo que había aprendido, un instante de distracción la había llevado a esa ridícula situación. No pudo evitar reírse al recordar la leche bañando su cuerpo. Esa risa la alejó del enojo, del dolor del antebrazo y del sufrimiento. Se dio cuenta de que no se había roto nada. Caer de vez en cuando no es tan grave – pensó - si te das cuenta de ello.

Se levantó y vio la jarra de leche hecha añicos. Por suerte, hacía tiempo que no tenía que trajinar la leche con un cubo en la cabeza; llevaba la jarra porque hacia unos minutos había servido una muestra de su mejor leche a unos visitantes de su propia granja. Eran los responsables de intendencia del palacio real; acababan de certificarla como proveedora oficial exclusiva de productos lácteos de su majestad.

4 comentarios:

  1. Hola Jordi,
    Llegeixo tots els teus post, encara que no tinguis cap comentari meu fins ara. M'agrada llegir el punt de vista "sui generis" que li dones als contes/fàbule; escrius molt be.
    Aqui tens una seguidora.
    Una abraçada.
    Esther Toral.

    ResponderEliminar
  2. Moraleja: Vivir aquí y ahora con todos nuestros sentidos.
    Visualizar nuestros deseos y sentirlos como si ya los estuvéramos viviendo.
    Saber reirse de uno mismo y de sus circunstancias cuando cae y volverse a levantar para seguir adelante.

    ResponderEliminar
  3. Jordi,m´agrada força llegir i he de dir-te que m´ha agradat molt com escrius.
    Lo importante no es caerse,es levantarse.Un petó!!
    Carme(poblenou)

    ResponderEliminar
  4. Jordi,acabo de leer detenidamente tu 5 cuento/fábula y caigo en la cuenta que describes tu propia vida, tu despertar, tus ilusiones,dificultades, sueños y fantasias, tu propia trascendencia através de un cristal, pero como si se tratase de pequeños trozos de cristal recompuestos, pero que juntos describen un gran Holograma de tu vida y Evolución personal.. o de cómo quisiera que fuese

    Bravo Amigo


    Todo lo Mejor

    Alberto

    ResponderEliminar

ShareThis