Caperucita (Roja) y el Lobo (Feroz)


Ante la escena teñida de sangre, Caperucita pensó: “jamás volveré a llevar nada de color rojo, y menos aún, mi (hasta ahora) querida caperuza roja”. El cuerpo de su Abuelita asomaba entre las puertas del armario, sobre un charco de sangre. El Lobo, recostado en la cama y disfrazado con un camisón de la Abuelita, jadeaba y presionaba su garra derecha contra la herida de bala de su hombro izquierdo. La sangre se derramaba sobre la cama y creaba un macabro contraste con el blanco de las sábanas y el negro de su pelaje. En el otro extremo de la habitación, el Leñador empuñaba la escopeta con la que acababa de disparar a la bestia.

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