Un Mundo Feliz

- ¿Queréis callaros de una vez? ¡Aquí arriba algunos queremos dormir!

Abajo nadie hizo caso a esa vocecilla. El murmullo general mostraba la gran expectación que había creado la convocatoria del Consejo Animal por parte del Elefante. Después de un bufido para pedir silencio, empezó a hablar:

-Buenas noches a todos. Al no estar presente la Ballena ni otros gigantes que no pudieron subir al Arca, como animal más grande me corresponde a mí dirigir esta reunión. Ya sabéis que llevamos tiempo en esta nave, y eso significa que el día de volver a tierra firme se acerca. Por eso creo que sería una buena ocasión para empezar con buen pie y dejar atrás el gran conflicto que tuvimos en el pasado. Ya sabéis a que conflicto me refiero; la constante persecución de los herbívoros por parte de los carnívoros.



- Hay otro conflicto aun mayor – interrumpió la Serpiente – ¡Los elefantes nunca miráis por donde pisáis! ¡Muchas de mis amigas murieron por la falta de cuidado de algunos paquidermos!

 - Tomo nota de ello, Serpiente – dijo con desgana el Elefante – Y lo tendremos en cuenta para la próxima reunión. Pero como adelanto, recomiendo a los animales que reptan que si quieren evitar accidentes, se abstengan de quedarse dormidos al sol en medio de la sabana.

La Serpiente iba a responder con un improperio cuando la Gacela dijo: - Volviendo al asunto que nos ocupa, me gustaría decir que nosotras comemos pasto y hojas de matorrales, y no hacemos daño a nadie; ¿no podían hacer lo mismo los Guepardos? Si adoptaran una dieta más saludable, como la nuestra, estoy segura que no serían tan agresivos y vivirían más relajados – Esta intervención fue cortada por las risas de las Hienas.

Desde el principio se vio que los carnívoros habían asistido de mala gana a la reunión. En el Arca vivían apiñados y, sin la libertad de acción que tenían en las llanuras, se  sentían intimidados por los herbívoros, que además eran mucho más abundantes; por cada felino, había diez venados.

La discusión se alargó un buen rato, con argumentos a favor y en contra. El Tigre se enfrentó a todo el mundo diciendo que su libertad estaba por encima de todo. Los buitres destacaron su gran labor ecológica, limpiando el bosque de animales muertos. La familia de los osos, que en general siempre buscaba el consenso, se comprometió a probar las plantas y raíces, aunque no estaban seguros de que les fuera a gustar (a excepción del Panda, que vio en el cambio de dieta una oportunidad para no tener que cazar).

El tiempo pasaba y los animales con cuernos presionaban cada vez más a los carnívoros para que aceptaran la propuesta vegetariana. Finalmente el León, viendo peligrar la vida de los suyos, rompió su silencio y habló como rey de los felinos:

- Queridos compañeros herbívoros: estas últimas semanas en las que hemos compartido el Arca, viviendo codo con codo, os he conocido mucho mejor que cuando vivíamos en la selva. He descubierto la fuerza y la sabiduría que hay en cada una de vuestras especies: desde el pequeño Gusano hasta el magnificente Elefante – esto último causó muy buena impresión en la presidencia. –Reconozco que en el pasado hemos matado a muchos de los vuestros, y en nombre de todos los felinos (y de los carnívoros en general) os pido mis más sinceras disculpas. En cuanto tomemos tierra, os prometo que empezaremos a construir un mundo feliz, en el que ningún animal se comerá a otro, y en la que reinará de paz y de concordia entre todos nosotros.

Tras unos instantes de silencio, todos  aplaudieron a rabiar (excepto el Tigre que no estaba de acuerdo y el Panda que se había dormido); unos daban coces en el suelo, otros rugían y otros simplemente saltaban. No se había visto tanto alboroto en el Arca desde el día que embarcaron y nadie sabía en qué sitio debía instalarse.

El ruido llegó hasta los que descansaban en las vigas del techo - ¿Queréis callaros de una vez? ¡Aquí arriba algunos queremos dormir! – Volvió a gritar la Paloma Blanca– Mi marido tiene que levantarse muy temprano para ir a cumplir una importante misión encargada “per-so-nal-men-te” por el señor Noé. ¡Así que basta ya de tanta cháchara!

Abajo, después de algunas bromas sobre las palabras de la Paloma Blanca, se cerró la reunión y poco a poco cada cual volvió a su sitio. Las voces dejaron paso al espeso diálogo entre el romper de las olas y el quejido del maltrecho casco del Arca.

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