Su primera misión

Ella nunca imaginó de qué manera su primera misión iba a marcar su vida y la de su estirpe. Hacía poco tiempo que se había incorporado a la “compañía” (al gran jefe le gustaba llamarla de esta manera tan críptica) y debido a eso todavía no era muy conocida entre sus compañeros. Tenía que ganarse el favor del gran jefe, así que cuando él personalmente solicitó voluntarios para una arriesgada misión, ella vio una gran oportunidad que no podía dejar escapar.


Junto a ella se presentaron media docena de candidatos. El gran jefe los reunió en una sala y junto a unos ayudantes, les explicó en qué consistía la misión. Era la primera vez que lo veía en persona, y se quedó un poco decepcionada; le habían hablado de un personaje alto y robusto, imponente y con voz grave, pero no le impresionó tanto como esperaba. Lo que más la impresionó fue la seguridad que transmitía al hablar; se notaba que se había hecho a sí mismo y que había creado un imperio a partir de la nada.

El encargo parecía sencillo: coger un objeto y entregarlo a su destinatario a la mañana siguiente. Así de fácil. El viaje no era largo, pero había que ser rápido y sigiloso para pasar inadvertido. El objeto era ligero, transportarlo no suponía ningún peligro, pero era frágil y tenía que ser manejado con cuidado. El mayor inconveniente era que eventualmente el destinatario podía rechazarlo, y en ese caso era importante tener dotes de persuasión para convencerle de que lo aceptara. Repitió varias veces que era imprescindible que el destinatario de quedara con él.

Los ayudantes hicieron pasar dos pruebas a los candidatos. En la primera, debían demostrar su capacidad para moverse sin llamar la atención, y sólo ella y dos más la superaron. La segunda era un ejercicio para poner a prueba su talento para convencer a otros a través de la oratoria y la seducción. Y en ésta ella fue la ganadora con mucha diferencia respecto a los otros dos; ¡La misión era suya!

Aquella noche le costó dormirse. Estaba nerviosa; sentía la responsabilidad de su primer trabajo y al mismo tiempo fantaseaba con que a la vuelta sería recibida como una triunfadora, con toda clase de condecoraciones y homenajes.

Por la mañana se levantó temprano y se preparó para la gran misión. Emprendió el viaje, asegurándose de que nadie la seguía. Al rato llegó a su destino y, tal como le habían dicho, allí estaba el destinatario. Entonces muy cuidadosamente se deslizó bajando por el tronco del árbol y con voz suave dijo:

- Él os ha prohibido comer este suculento bocado porque sabe que si lo hacéis, entonces seréis igual que él, ¿No te apetecía probarlo?

Y entonces Eva esbozó una leve sonrisa mientras alargaba el brazo para coger el fruto que le ofrecía la serpiente.

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