31 oct. 2016

El Príncipe Encantado (II)

Al otro lado del pantano, un enorme bloque de roca proyectaba la sombra de la luna sobre las tranquilas aguas de las que sobresalía. Era el resto más visible de lo que había sido un primitivo santuario. Junto a él, tendidos aquí y allá, yacían sus fieles compañeros. Con dificultad, alguien se daría cuenta de que en un principio todos ellos formaban un círculo perfecto. La niebla y el musgo intentaban tapar los extraños símbolos grabados en sus rugosas caras. Era un esfuerzo inútil, pues ya nadie sabía pronunciarlos.

Un búho se posó en lo alto del bloque. Miró a ambos lados sin encontrar a nadie. Parpadeó dos veces. Agitó sus alas, en un gesto instintivo para quitarse de encima la humedad nocturna. Giró la cabeza hacia abajo.

- Has tardado mucho en venir– dijo, mientras recolocaba sus garras en la piedra para no resbalar.